Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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Talones de oro.

Una mirada mezquina, oportunista, pataletuda e inofensiva a algunas debilidades de los ganadores den la noche más importante del año para la industria cinematográfica norteamericana.

Nadie barrió con los Óscares, la imagen de ganadores absolutos multi-premiados que con dificultad logran abrazar una gran cantidad de estatuillas cada vez es menos frecuente, Ahora nos enfrentamos a una imagen confusa que tratamos de entender desde dos esquinas:
Por un lado, podría decirse que cada vez las grandes películas son menos grandes (tanto en términos de presupuestales , como en sus expectativas) puede decirse que Hollywood se fragmenta en diferentes segmentos y que necesita de forma urgentemente renovar sus opciones ante un público diverso que cada vez, y gracias a herramientas como las plataformas digitales de comunicación, hace pesar más su opinión. Pero ambas miradas convergen para hacernos ver que la narrativa hollywoodense necesita cuestionarse, probablemente en ese punto de unión encontraremos la clave del vuelo de Birdman.

Talones de Adolescente.

Aparentemente, la sorpresa de la noche estuvo en descubrir que el que pierde no gana, Era difícil imaginar a Boyhood como mejor película, pero tampoco era muy complicado hacerlo. De todas maneras, las nominaciones y reconocimiento que recibe Linklater nos obligan a ver un tipo de cine diferente al históricamente premiado y probablemente esa fortaleza, que lo hace visible como más que un experimento, se convirtió también en su mayor debilidad ante la Academia; Boyhood es una película construida con retazos disimiles de momentos cotidianos, dramas mínimos e intimidad, definitivamente no hace parte de la oferta típica y necesaria con la que el Star System revalida su forma clásica. La consideración de Boyhood junto a Foxcatcher resuena como una alarma discreta y positiva, como la invitación a voces independientes para experimentar con el relato y la narrativa, a permitirse una mirada contemplativa, experimental y autoral sobre preocupaciones muy norteamericanas en las que la construcción del personaje desplaza por momentos al desarrollo de la historia. Curiosamente, esta invitación no permite salirse demasiado de las reglas del juego como para pensar en nominar películas tan arriesgadas narrativa y políticamente como Fruitvaille Station mencionadas junto con los demás títulos.
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El Gran Wes.

Hay personas que se reconocen a kilómetros, Wes Anderson no permite equivocaciones; su apuesta por el color, la simetría y la búsqueda de recursos narrativos propios lo distancian de cualquiera. Definitivamente tiene su caminado, y tratar de imitarlo es un riesgo del que el mismo no logra escapar, un riesgo narcisista que algunos interpretaran como una apuesta a caminar en círculos.

Pero cambiar para dirigirse a donde están las estatuillas solo podría llevarlo al tropiezo. Desde sus inicios, Anderson ha establecido sus reglas y, aunque la distancia entre el estreno de El gran hotel Budapest y la dinámica de los premios Oscar lo mantuvo lejos del centro de la conversación, es importante resaltar la constante evolución de su particular narrativa. probablemente desde Academia Militar Rushmore este es uno de los guiones más sólidos, entretenidos y WesAndersianos que ha abordado, sus comentarios a la historia están hechos con una discreción y “buen gusto” que probablemente los hicieron invisibles ante ojos que buscan la “maestría” fácilmente identificable en discursos sociales “claros y recalcitrantes” o en la personificación de figuras de talla histórica, En este sentido y junto con Birdman, logran que el casting de su rol protagónico sea un eco tanto de Batman, como de una revisión colorida al Ralph Phiennes de La lista de Schindler.

Premiarla por la construcción de un universo visual en el que los espacios y las caracterizaciones son notables no resulta una gran sorpresa, pero no reconocer su capacidad narrativa o la construcción de personajes que habita en ese mundo es aceptar una mirada superficial a un autor que hila más profundo, en un entramado que teje la dedramatización del relato con la celebración gráfica del mismo.

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El Vuelo Del Hombre Pájaro.

La más fuerte apuesta de la noche es evidentemente una proeza técnica, pero es también una soga en el cuello de la narrativa, La decisión suicida de rodar un largo plano secuencia nos involucra profundamente con un personaje principal inusual, nos emplaza en la mente de una industria que se cuestiona y que de forma saludable pone ante el espejo a una sociedad con el rostro inflamado en botox. Pero, también sacrifica personajes y momentos, obliga a dar soluciones rápidas a conflictos que se presentan con fuerza en el planteamiento, pero que al final terminan por volverse irrelevantes, Sin embargo, como en las cintas de superhéroes, los humanos no logran opacar los efectos especiales, en este caso en manos de un Lubeszki que da continuidad al heroico esfuerzo anterior plantado en la órbita de las estrellas por Gravity.

El arma de Iñárritu está cargada tanto de aciertos como de errores porque, si bien, nos permite involucrarnos profundamente con lo que sucede dentro de la cabeza de Riggan, termina por hacernos compartir su hastío, finalmente nos mareamos tanto como el. El comentario del alter- ego de Riggan arruina los silencios y esos momentos en los que el personaje realmente es, pero hacen digerible un comentario ácido y mordaz, que no logra ganar profundidad con frases inteligentes puestas tontamente en la pantalla.

Hacia el final, el drama degenera en una sucesión de situaciones fortuitas, situaciones más llevadas a generar golpes de efecto que a construir un enunciado o un comentario comprensible dentro de las herramientas naturales de lo audiovisual., Iñárritu empuja a sus actores a encargarse verbalmente de la resolución de sus conflictos a través de “oportunas” catarsis, En este aspecto, queda claro que Iñárritu no es (y no debería serlo) un Robert Altman (imaginen Shortcuts o Gosford Park como plano secuencia;, solo un loco lo intentaría con tantos personajes). En la misma forma en la que Riggan jamás llega a ser Raymond Carver , y logra hacerse grande al descubrirse a si mismo en el proceso, pareciera que Iñarritu se libera de la carga de contar múltiples historias, exhibir protagonistas fragmentados y corre el riesgo de alejarse de ser el tipo que hace mucho rodó Amores perros.

Riggan e Iñarritú finalmente logran constituir un noble homenaje a sus inspiradores y curiosamente lo que más inspira en Birdman es esa fascinación latina por correr el riesgo. Birdman empuja las barreras y eso es lo que el cine está pidiendo, Está hecha con maestría y rigor por extranjeros que no tienen nada que perder, y logra hacer pesar sus virtudes tanto como para llevarnos a olvidar algunas exigentes y pretenciosas apreciaciones. Usa Kriptonita contra críticos y superhéroes, y alza vuelo alejándose de los seguidores de un premio que tiende a envejecer.

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En tierra quedan algunas cifras interesantes: Los Óscares venden más publicidad Premium que el SuperBowl, su audiencia es mayoritariamente femenina, mayoritariamente entrada en años y cada vez su audiencia es menor. Sin embargo, no sobra decirle que es obligatorio ver Ida, Relatos salvajes o Whiplash. Más allá de cifras y estatuillas, son cintas absolutamente ineludibles y necesarias.

Por: Rodrigo Torrijos

http://www.forbes.com/sites/bradadgate/2015/01/30/fun-facts-about-the-super-bowl/

http://www.forbes.com/sites/mikeozanian/2015/02/20/the-oscars-beat-the-super-bowl-in-advertising-premium/

http://variety.com/2015/tv/ratings/oscar-ratings-abc-telecast-down-10-in-overnights-to-four-year-low-1201439543/

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