Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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Sólo FairPlay, lok

Esta historia es real y grosera, las voces célebres son pobres imitaciones y debido a su contenido nadie la debe leer y si la leen por favor no le digan a mi mamá.

Cursaba yo décimo grado en un colegio distrital muy humilde y makia que quedaba como a una hora de mi casa. El colegio era muy bonito y por bonito me refiero a que en la cafetería vendían combo de empanada con avena a $1000, era algo maravilloso.

Resulta que a mí siempre me ha gustado mucho el fútbol debido a que al haber crecido sin papá era necesaria una figura paterna para mi hermano en la casa con el fin de prevenir que se volviera severa flor y esa figura paterna vendría siendo yo. En fin, decidí formar un equipo de micro con algunas niñas del salón y nos inscribimos al torneo que hacía bimestralmente el colegio.

El primer partido fue muy breve porque era contra las niñas de sexto. Con ese encuentro comprobamos uno de esos mitos urbanos que rondan por ahí (Con todo respeto), a las niñas de 11 años ya les cabe… les metimos 8-1. Pero pues fue un partido muy fácil, las niñas de sexto eran el Millonarios de la institución, en fin.

Nuestro equipo era de los favoritos, uno de los más opcionados para ganarse esa salida pedagógica al parque El Tunal. Pero la vaina se complicaba a medida de que avanzaba el torneo. Las peladas de noveno, por ejemplo, jugaban mucho, uno de los rivales más difíciles, casi no les ganamos pero se logró y como diría el más makia del mundo, James Rodríguez “Muy muy muy fe fe feliz con e-e-el re resultado”.

Y llegamos a semifinales, estábamos nerviosas y ansiosas por ganarles a esas crecidas hijueputas de once y no es por presumir pero nuestro equipo era una cosa muy bella:

Melissa: era la Medina del equipo, hijueputa tronco. La metimos al equipo porque era la sobrina de la profesora de inglés.

Andrea: era una pelada muy rápida, yo creo que se bajaba espejos en el centro en sus ratos libres.

Nicole: era la arquera, era gordita y pegaba horrendos riflazos, muy guache.

Karen: era una pelada muy calidosa, la mamá tenía una panadería entonces cuando jugábamos ella nos llevaba Colombiana con pan rollo. Una calidad de muchacha, una calidad.

Katherine: yo.

Salimos de química a descanso, rápido nos alistamos y comenzó el cotejo. Ah, se me olvidaba, el partido lo estaba pitando el profesor de educación física.

Estábamos jugando muy guasa, por decirlo en términos más coloquiales, pero las niñas de once empezaron a caer muy mal, amiguitos, era una cosa terrible. Pero el árbitro le tenía ganas a las peladas de once entonces no pitaba ni una falta, viejo hijueputa, por eso es que la mujer lo dejó.

Aunque el ambiente estaba tenso, a lo lejos se podían escuchar cosas muy amigables entre compañeras de equipo como “MELISSA, MARICA, HAGA ALGO, AUNQUE SEA ESTORBO”, “KAREEN, AHÍ FUE”, “BIEN, NICOLE, BIEN PARADITA”, “ANDREA, AL SOCO”, “KATHE, SIN ASCO”. Sin embargo, el ambiente también estaba adornado con frases entre rivales un poco fuertes, como “FALTA NI QUÉ HIJUEPUTAS”, “AY, LLORE”, “PÁRESE MIJA QUE AQUÍ NO PAGAMOS CLASES DE NATACIÓN”, “SIN METER TAPÓN, PIROBA”, “DEJE DE SER RABONA”, entre otras.

A pesar de eso, el partido estaba hasta interesante. Pero, el profesor de educación física era una loca y empezó a pitar faltas absurdas a favor de las de once y pues eso ofende.

Resulta que nosotras las teníamos de hijas, severo baile que les estábamos metiendo y pues eso las enojó, supongo. Y empiezan estas zánganas a caer más duro de lo normal. Ay virgen santísima, ese partido estaba más caliente que olla de almuerzo de celador.

En fin, el balón lo tenía Karen cuando de repente una pelada llamada Valeria le entró con toda y la sacó a volar. Amigos, le pegó muy fuerte, esa falta era más clara que el putas pero el profesor no la pitó. Les juro que me hubiese ofendido menos que me escupieran en la cara. Y entonces yo exclamé como toda una dama.

—¡JUEEEEEEEEEEEEEZ, ESO FUE FALTA, VIDA HIJUEPUTA!

El profesor me miró y me dijo:

—No, señorita, se la quitó limpia.

“¿LIMPIA? ¿LIMPIA? LIMPIA ANDREA ECHEVERRY, HIJUEPUTA”, pensé, pero me quedé callada porque qué hacía. Pero mientras Karen se limpiaba las rodillas y el profesor daba inicio nuevamente al partido, pasó Valeria junto a mí y me dijo:

—JAJAJAJA Les falta llorar.

AY VIRGEN SANTÍSIMA, CRISTO JESÚS.

Me ofendí mucho, paré el balón y le dije a Valeria en son de paz.

—¿QUÉ DIJO? REPÍTALO, PIROBA.

Ella respondió, con cara de que no era con ella:

—¿Qué le pasa? respéteme.

Amigos, yo no soy así, pero es que estaba muy enojada y le dije:

—RESPÉTEME ÉSTA, HIJUEPUTA.

Entonces el profesor se metió entre las dos, me cogió de los brazos con ánimo de calmarme y separarme de la pelada y dijo:

—Bueno, bueno, Katherine se va ya para coordinación.

Yo no era yo en ese momento, era Alan from Mississipi. Y le dije muy alterada:

—ESO QUÉ VA, USTED NO SABE PITAR UN PUTO PARTIDO, ESAS VIEJAS HAN ESTADO CAYENDO RE DURO TODO EL TIEMPO Y USTED NO HA PITADO NI MIERDA.

Entonces la pelada se rió, con esa risa de burla y como toda sobrada. Y pues hice lo que cualquier persona decente y civilizada haría en mi lugar, la escupí y la empujé. El profesor se metió otra vez pero ya era demasiado tarde, ya había sacado la novena cola del Kurama y cogí a la vieja del cabello y le decía:

AHORA SÍ SEA RABONA, PERRA HIJUEPUTA.

La pelada apenas trataba de alejarse. Todo el mundo se metió a separarnos pero a lo lejos se escuchaba “OOOOOONNCCEEEEEE, OOONCCCEEEEE” y “DELE DURO POR LÁMPARA”. Mis compañeras de equipo me cogieron y lograron separarnos.

Me llevaron a coordinación y me suspendieron una semana. Mi equipo quedó automáticamente fuera del campeonato. Tuve que hacer unas carteleras maricas del FairPlay y pasar a exponerlas en todos los salones. El equipo de Valeria quedó de subcampeón. Me abrieron proceso de convivencia. Mi mamá me pegó con el cable de la parabólica cuando le entregué la citación y el profesor de educación física me prohibió la entrada a su clase. Pero lo importante es que Karen nos llevó Colombiana con pan rollo a pesar de todo.

Y al otro día amanecí sin piernitas.

Por: La Vieja Kathe
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