Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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Colombianos, por favor, paren de reproducirse

Según el exdecano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, Salomón Kalmanovitz, hace apenas poco más de dos siglos en Colombia había una población estimada de menos de un millón de habitantes. Y, según el mismo libro -El PIB de la Nueva Granada en 1800- del economista costeño, en 1905 ya moraban casi cuatro millones de colombianos las tierras maravillosas que ahora explotan unos pocos. Pero hay otras fuentes, como el libro “Las Transformaciones Sociodemográficas del Siglo XX”, de la académica llanera Carmen Elisa Flórez, que aseguran que para inicios de la década de 1900 había casi 5 millones de colombianos.

Sea como sea, era un número de personas no muy alto que, seguramente, les permitía a esos mismos vivir un poco más tranquilos, aunque eso no siguió siendo así por mucho tiempo. Solamente un siglo después ya éramos un total de 43 millones de colombianos, según la estadística que nos otorga el DANE. ¡Una locura!

Colombia, en definitiva, es una fábrica enorme de niños. Por eso es que hay más de medio millón de infantes que trabajan día tras día en las calles de un país al que solo le importa ganarse un concurso de belleza que se llama Miss Universo y un certamen de futbol que se juega por estos días en Chile. Y si no me creen entren a la página web del DANE o a la del Ministerio del Trabajo, ahí van a poder ver las cifras que entrega el gobierno especialista en hacer mermeladas. Y, teniendo en cuenta que se supone que en el 2025 seremos un total de 55 millones de colombianos, el panorama para los niños que nacieron, nacen y nacerán en el país de la doble moral no es nada alentador; al contrario, la cosa es tan grave que de solo pensarlo me da miedo y empiezo a pensar cada vez más en el suicidio. Por eso los invito, aunque sé que van a olvidar mis palabras apenas prendan la caja boba y vean sus telenovelas favoritas, a que no traigan más niños inocentes al mundo. Dejen de inundar los semáforos con menores que venden pañuelitos, lapiceros, dulces y cigarrillos. Hacerlo es crueldad en su máxima expresión.

Si lo que quieren es ser padres de familia, algo con lo que yo también sueño, recuerden que existe la posibilidad de adoptar y llenar de alegría, paz y oportunidades la vida de unos seres que solamente emanan amor. En febrero de este año había 5.283 niños con características especiales que esperaban ser adoptados y que, seguramente, en este momento son muchos más. Probablemente algunos de ustedes se pregunten ahora: ¿Y cuáles son los niños con características especiales? Pues les cuento que son los que pocos queremos llevarnos a nuestras casas, los que son víctimas de la maldita discriminación que recorre las venas de los millones de colombianos maestros en excluir. Los niños mayores de ocho años que han sido abandonados por sus padres y que padecen cáncer, síndrome de Down, enfermedades renales, sida o tienen más de dos hermanos son las hermosas criaturas que siguen esperando a que alguno de ustedes, damas y caballeros que anhelan educar a un ser inocente, vaya y les cambie la vida. No se sientan mal por leer esto, no sean hipócritas. Mejor no pierdan más tiempo, salgan de su casa y vayan a llenar de cariño a esas personitas únicas que los esperan con los brazos abiertos.

En definitiva, por favor, colombianos, paren de reproducirse. No traigan niños a un mundo en el que las personas no se pueden siquiera subir a un colectivo de transporte público porque no caben. Sean responsables y en caso de no serlo, por favor, no sean moralistas y aborten. Los niños no tienen la culpa de que un momento de calentura no haya podido ser controlado por ustedes. Es el momento de parar con esta cadena cruel de reproducción que solamente expone el nivel de miseria mental de cada uno de los que creen que el papá de un muchacho que, supuestamente, murió colgado en una cruz, es el único que puede decidir si una vida empieza o termina.

Por:
Fabio Andres Olarte
Síguelo en Twitter: @andresolarte

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