Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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Lo que me enseñó 50 Sombras de Grey

Quería satisfacer mis deseos de mamerta, quería tener razones para hablar mal. Mi novio me lo advirtió: “Si te vas a ver esa película está bien, pero no le metas plata en cine”. El problema no fueron los 9 mil pesos, ni mi morbo mamerto, el problema era que le había cogido cariño como fenómeno de cultura popular, como producto transmedia y quería tener argumentos para hablar mal de ella, para alimentar un odio resentido contra esta sociedad impregnada de proyecciones mediáticas. Para pelear, con argumentos, contra esa aberración que tenemos por el estatus, por el éxito, por el dinero, por controlar.

Efectivamente, fue una experiencia en la que fui completamente extranjera: la sala gritó al unísono cuando Christian Grey se quitó la camiseta por primera vez en su cuarto de hotel, se reía como profecía del chiste que iba suceder en cada escena. “¿Are you gonna make love to me now?” –risas. “I don’t make love, I fuck”. Todas sabían que no era en serio, todas sabían que Christian se iba a enamorar.

La película, que se desenvuelve a velocidades abrazadoras, comienza con la llegada de Ana al edificio de Christian. Ella se baja del carro –prestado- por una amiga y mira hacia arriba: plano contrapicado del edificio. Atrás se oyen voces: “yo quiero a un hombre como Cristian Grey” “es que es muy intimidante”.

La verdad es que no lo es. Christian es un personaje vacío, como la fantasía ultra controlada de una adolescente. Es un joven de 27 años que camina un poco desencajado –como hacemos los jóvenes- y, siempre tiene alguien a su lado acompañándolo, protegiéndolo. Pienso en hombres con poder, hombres imponentes que me han intimidado. Se han metido de lleno en lo que soy, y por la razón que sea, lo han hecho desde un reto a las creencias propias, lo han hecho por aprender a controlarme, cosa que han hecho a la perfección. Ana juega con Christian de una forma no virginal, ella no es virgen. Ella sabe que tiene el control y lo ejerce a la perfección, porque, al igual que esa sala de cine, ella sabe lo que va a pasar.

Ella juega con él como a los quince años yo jugaba en mis fantasías con algún hombre inventado, millonario con poder y despiadado, pero que se enamora de mí, que renuncia a todo por mí y yo, por fin, como joven, como adolescente, tengo el control sobre mi propia vida: tengo dinero para hacer lo que me dé la gana, tengo un hombre para mostrar en mi casa y a mis amigas. Tengo un hombre que me hace volver a los cinco años, cuando mi papá me daba todo y yo jugaba despiadadamente con sus sentimientos para que me comprara muñecas. Christian cede a sus niñerías e incluso le da nalgadas paternales. Ella le dice que “suerte”, que no va a firmar el contrato y él llega a su cuarto para probarse sexualmente con ella. Un hombre poderoso e intimidante no necesita probarse, tú necesitas probarte con él. Un hombre poderoso juega contigo en los momentos menos imaginados, sin que tú te des cuenta. Un hombre como el que tratan de mostrar a Christian, así te quiera, te va a olvidar.

Ana por el otro lado, tiene conocimiento universal, telequinesis y es vidente para saber que Christian se va a rendir a sus pies. Es una mujer que quiere más de Christian, conocerlo y casarse con él, ser su apoyo, ser su todo; pero no está dispuesta a asumir su “cuarto con cositas”. Es ingenua y por eso rompe los esquemas, pero todavía no sabe ponerse su lugar en el mundo. La sala y la película, no giran en torno a Ana, giran en torno a la autosatisfacción del ego. Al final Ana le termina, abandonando su iniciación en las extrañas artes del sexo con Christian, y le grita “NO” como enseñan las campañas en contra de la violencia de género. Pero todos sabemos que hay una segunda parte, en la que Ana –especulando- al igual que cientos de casos, pone el denuncio y luego se rehúsa a hacer seguimiento del caso porque él vuelve a sus pies, porque él la ama y pegarle es una de cientos de formas de expresarlo.

Pienso en mi novio. Pienso cuando nos conocimos y, a pesar de que yo sabía que le gustaba, mi atracción era de tal magnitud que estaba desesperada por gustarle, por ser lo mejor de mí para él. Pude tratar de ejercer control, hacer que deliberadamente se preocupara por mí y fuera a mi rescate, porque yo fuera su universo, pero no lo hice, porque el amor se siente como un acto de fe y esperanza en lo que tenemos para dar, sin importar si seremos retribuidos o no. Es perder el control, es no saber qué va a pasar. El amor, bien correspondido, es ese en el que ambos nos rendimos a los pies del otro y damos sin cesar. Pienso en todo lo que siento, y, mientras me decían lo “intimidante” que es Christian Grey, pensaba que ese hombre idealizado retorcidamente en una situación meticulosamente diseñada no tenía punto de comparación con lo intimidada que me sentía al hablar con ese chico imperfectamente perfecto sobre cualquier cosa. Las personas no intimidan, intimida lo que sentimos por ellas.

El amor va más allá de un acuerdo sobre las dinámicas de una relación, es una fuerza incansable para trabajar alrededor de los muros y las adversidades: como jóvenes encontrar juntos cuál es ese camino en la vida que vamos a recorrer como personas, cómo acomodarnos a un sistema sobre el que no tenemos el control, cómo amarnos incondicionalmente, siendo el “cuarto con cositas” la metáfora de todo lo que escondemos del mundo. Amor no es paseos en helicóptero y aeroplano, ir a fiestas y presentar el novio en la casa.

Es una buena conversación y cogernos de la mano, decirnos todo con un abrazo. Una relación es, cómo me ha enseñado la mía, luchar para que los sueños del otro se vuelvan más grandes sin importar lo que nos depare el futuro, tener la plena libertad para querer amar al otro sin reservas. Mostrarnos en la humildad de lo que somos y lo poco que tenemos para ofrecer, sea material o de capital simbólico y develar nuestra propia humanidad.

Ojalá como sociedad tuviéramos más experiencias, en la vida real o en las pantallas de Cinecolombia que nos enseñaran todos los colores del amor, para construir nuestra propia fantasía. Por lo pronto, vivo la mía

Por @reginasperger

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