Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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Lo bueno y lo malo de Rock al Parque 20 años

Un escrito por el inconforme, el coherente, un poco ciego, pero siempre querido amigo álvaro Castellanos sobre lo que vio, no escuchó y lo que no se tomó.

Varios de los mejores momentos musicales de mi vida han sido frente a una tarima de Rock al Parque y puede que los suyos también. NOFX, Suicidal Tendencies, Biohazard, Ultrágeno, Coheed and Cambria, Puya, Dillinger Scape Plan, Dead Kennedys, A.N.I.M.A.L., Skindred, Bloc Party, Shadows Fall y ese show imposible de Apocalyptica en 2005 puntean mi lista. Usted, por supuesto, tendrá la suya. De hecho, hay muchísimo de dónde escoger. Suena increíble, pero contando las 87 agrupaciones que tocaron en 2014, desde 1995 en Rock al Parque se han presentado 1241 bandas. Mil-doscientas-cuarenta-y-una. Esa una cifra escandalosa y lo deja a uno perplejo, pero explica perfectamente los 20 años bien vividos de este festival que se ha convertido en todo un patrimonio para la cultura colombiana.

Sin embargo, a su edición número 20, Rock al Parque llegó arrastrado varios males y un pesado talego de críticas. Luego de que en 2011 el festival registrara un récord histórico de asistencia de 345 mil personas, en 2013 acudió poquísima gente y las bolas de heno que literalmente pasaron en presentaciones como las de Living Colour preocuparon tanto a los organizadores, que incluso trascendió que en 2014 no habría festival con el fin de repensarlo y tratar de reactivarlo en 2015.

Pero bueno, como pudimos darnos cuenta, eso no pasó. En sus 20 años, Rock al Parque convocó al Simón Bolívar a una cantidad única de asistentes en la que Idartes le apostó a lo clásico al incluir a varias de las bandas que pusieron las primeras piedras del festival y se jugó por cerrar con metal los tres días para “ir a la fija” y evitar el papelón de inasistencia de 2013. Al final quedó comprobado de que, para bien o para mal, los métodos de la organización de este último Rock al Parque fueron efectivos y hoy, con los shows de 2014 todavía muy presentes en nuestras cabezas, ya se habla de que esta edición de fue la mejor que se haya realizado.

Sin embargo, sería injusto con el festival dejar que los elogios sepulten a las críticas. Entendiendo la complejidad del evento, sigue siendo evidente que muchas cosas todavía pueden mejorar y, en ese sentido, dejar de criticar sólo contribuiría a fortalecer ese statu-quo, esa fórmula ganadora, esa zona de confort que en la que se encuentra el festival y que anualmente le permite subsistir. Definitivamente, yo quisiera verlo cambiar. Y probablemente, usted también. A continuación, 20 puntos que resumen lo bueno, pero también lo malo de Rock al Parque en sus primeros 20 años. Bien puedan:

LO BUENO:

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1. Asistencia récord

Según cifras oficiales, más de 400 mil personas colmaron el Simón Bolívar durante los tres días del festival y cerca de 200 mil presenciaron el cierre al son del trash-metal de Anthrax. Se trató de una marca histórica de público que superó la registrada en 2011. Evidentemente, la asistencia es el elemento clave para preservar la vida de Rock al Parque. Sólo así, el Distrito y la empresa privada abrirán la billetera e invertirán para que el festival se realice. Y en 2014, esa emotiva postal aérea que todos vimos en redes sociales con un mar de gente reunida durante su cierre fue la descripción gráfica ideal de una edición que concluyó por todo lo alto.

2. Mucho con muy poco

Según información de prensa, el presupuesto de Rock al Parque en 2014 fue de 3 mil millones de pesos (1.5 millones de dólares mal contados): una cifra escandalosamente corta para la grandeza que proyecta el evento. Si tenemos en cuenta, por ejemplo, que una banda como Red Hot Chili Peppers cobró un millón de dólares por su presentación en el último Estéreo Picnic, entenderemos que año tras año, Rock al Parque hace mucho con muy poco.

3. Actos de nostalgia

En sus 20 años, Rock al Parque alineó a varias de sus bandas fundacionales. Aterciopelados, La Derecha, Catedral, Policarpa y sus viciosas y La Pestilencia protagonizaron emotivos actos de nostalgia que en la vigésima edición del festival rindieron culto a esa primera época, cuando hace dos décadas, desde la Plaza de toros, el Planetario, la Media Torta o el parque Olaya Herrera se ponían los cimientos de esta institución de la cultura colombiana.

4. La curaduría

La programación y distribución de bandas en cada día y en cada escenario tuvo una razón de ser y detrás de esto hubo una gran labor de curaduría, teniendo como máximo objetivo atraer la mayor cantidad de público en todo momento del festival. Si bien cada día mantuvo su esencia histórica (sábado-metal, domingo-reggae/punk y lunes-sonidos latinoamericanos), cada día también ofreció más que eso. En este año, el máximo acierto de la curaduría del festival tal vez haya sido cerrar los tres días con metal, de tal forma que Exodus (el sábado), Pestilencia/Soulfly (el domingo) y Black Label Society/Anthrax (el lunes) prácticamente garantizaran un lleno en los actos de cierre teniendo en cuenta que el metal es el género base y mejor acogido en Rock al Parque.

5. Más y mejores zonas comunes

Como en los grandes festivales internacionales, Rock al Parque sigue mejorando y ampliando la experiencia de quienes no necesariamente quieren estar todo el tiempo viendo a las bandas. Proyección de documentales, juegos interactivos, venta de productos, stands y una oferta más amplia de zonas de comidas fortalecieron este concepto que cada año se pule más y que en 2014 dio un salto de calidad notable.

6. Las bandas

Lo más importante. El cartel de agrupaciones que se presentan año tras año es, sin lugar a dudas, la razón del éxito o el fracaso de cualquier festival. Y para 2014, la selección general cubrió todos los frentes. Además del predominante metal, The Casualties e I.R.A. encabezaron el cartel punk. Fishbone, Mad Professor o Sly & Robbie representaron al reggae. Killswitch Engage y Memphis may Fire, al metal-core. Headcrusher y Pro-Pain, al nuevo metal. Sidestepper y Chocquibtown, al folclor nacional. Molotov y No te va a gustar, al rock latinoamericano. Carajo y De la tierra, al rock pesado en español. Outernational, al electro-rock. Y así sucesivamente. Todos tuvieron su lugar, su momento y su público en Rock al Parque 2014.

7. El comportamiento

Si bien la diversidad es una de las banderas anuales que defiende Rock al Parque, es bien sabido que la coexistencia de escenas en un solo festival ha marcado siempre una tensión incómoda entre sus asistentes e históricamente esto se evidencia en recordados incidentes como el del año 2000, cuando el vocalista de la banda argentina La Mosca se bajó de la tarima bañando en sangre gracias a una moneda que le abrió la cabeza. En 2014, la tolerancia en ese aspecto siguió en franca mejoría e incluso la sensación de seguridad aumentó. Queda la grata impresión de que son cada vez menos los que van a Rock al Parque a aprovecharse de los tumultos para robar celulares y billeteras.

8. La media torta

Este espacio alternativo, usado durante varios años en ediciones anteriores, tuvo un cartel completo de artistas el día sábado con una gran asistencia de personas que, aunque no representan el nicho base de fanáticos de Rock al Parque, simbolizan la democratización de público que persigue la organización, al acoger favorablemente las propuestas de actos pop y alternativos como el de Juan Pablo Vega, Hoppo! (de Café Tacvba), Globos de Aire o Esteman.

9. La Etnnia y el rock

En pleno 2014, todos deberíamos saber que el rock, más que un género musical con guitarra eléctrica, bajo y batería, es una expresión de inconformidad, de rebeldía, una declaración de principios que va más allá de los instrumentos. De ahí, que la Etnnia sea más rockera que cualquier Coldplay o cualquier banda pusilánime de rock indie. No por nada, los mejores festivales de rock del mundo incluyen todo el tiempo artistas de rap en sus alineaciones. Pero en Colombia, siempre atrasados, miles de personas se rasgaron las vestiduras al enterarse de la participación de La Etnnia en esta edición. Ya sea porque no tocan rock o por puro elitismo, Rock al Parque no hizo caso a las críticas y los mantuvo en 2014 como un ejercicio de pedagogía musical, que buena falta le hace a muchos fanáticos los cuales, en una clara muestra de doble moral, no se indignaron en ediciones pasadas cuando bandas tan anti-rockeras como Buraka som Systema (de Portugal) se presentaron en el escenario principal y en horario estelar.

10. La recuperación de la identidad

Siendo un festival público cuya gratuidad lo ha convertido en uno de los más representativos del continente, los asistentes de Rock al Parque han ido apropiándolo y sintiéndose parte de él. Y a pesar de que en ediciones anteriores surgió un desánimo general como consecuencia de su apertura a nuevos ritmos y su eventual politización, luego de la vigésima entrega ha quedado la sensación de que Rock al Parque recuperó su identidad como un festival que no es de la Alcaldía, ni de los organizadores, ni de los periodistas, ni de los patrocinadores, sino de la gente. Del rockero común que se aguanta el clima, las requisas, los tumultos, el cansancio, la inseguridad y los problemas para devolverse a la casa a la media noche, porque siente que su esfuerzo se ve recompensado en calidad musical y organizativa.

LO MALO:

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1. El sonido

Un desastre. En Exodus, en Carajo, en Pro-Pain, en Superlitio, en Molotov, en Skampida, en Aterciopelados y la lista sigue. ¿Coincidencia? No sé. Tal vez fue un daño general. El caso es que el sonido presentó fallas groseras durante diferentes momentos del festival. A los costados y al fondo, los problemas eran aún más evidentes. En Skampida, por ejemplo, el sonido estaba tan poco balanceado y deteriorado que por ratos las canciones eran irreconocibles. Sin embargo, donde más críticas hubo fue en el Escenario Plaza, con papelones como con el arranque de Exodus, cuando la voz del vocalista no sonó. Por la misma línea, la transmisión de Canal Capital también tuvo durante medio Rock al Parque ese odioso caption de “fallas de origen”, mientras la mayoría de bandas sonaban con una como “lluvia” de fondo bastante insoportable. Para completar, el sábado se vino abajo el sonido del tercer escenario, el Eco, y dos bandas de Black Metal (Nosferatu y Thy Antichrist) fueron movidas al Bio y al Plaza, alterando la continuidad de los escenarios principales. ¿Faltaron pruebas de sonido? ¿Fallaron los equipos? ¿Fue un problema de ingeniería? Siendo difícil señalar responsables, está claro que si Rock al Parque pretende ser un festival de nivel mundial, lo mínimo que debe asegurar es que las bandas suenen bien, especialmente cuando el festival se realiza en el mismo lugar todos los años y el montaje siempre es parecido.

2. “Guaro” mortal

Al finalizar el festival, los servicios de emergencia de Rock al Parque reportaron 250 casos de intoxicación etílica. Eso quiere decir que el aguardiente encaletado que se vendió en esta edición estaba también más adulterado que nunca. Además, su venta se multiplicó. Los impulsadores del “guaro-guaro-guaro” estaban por todo lado. La media, reembasada y con seriales que no coincidían en sus etiquetas, se conseguía en 20 mil pesos. El menú sigue con LSD, en 15 mil. La bolsita de perico, en 8 mil. El porro armado, en 5 mil. Y en menor medida, dosis inyectadas de ketamina y otras barbaridades. Es cierto que la gente debe auto-regularse y quien se vuelva mierda lo hace porque quiere y bajo su propio riesgo, pero algo grave está pasando con la cantidad especialmente de trago que se mete al parque y que, para rematar, viene adulterado. Paradójico que la policía arme cuatro cordones de seguridad en el ingreso (con quitada de zapatos y todo) y adentro luzcan entre incompetentes y cómplices con la libre venta de todo tipo de porquerías que pueden estar llevando a la gente que las consume directo a un cementerio.

3. La lagartería de la zona de prensa

La historia de todos los años, pero peor. Como periodista, la he vivido (o sufrido) en varias ediciones y aunque en 2014 no me acredité, entiendo que por tratarse de una edición especial, las “cortesías” y los “invitados” se multiplicaron más que los vendedores de aguardiente chimbo. En el boletín de medios acreditados para 2014, figuraban 102 medios de Bogotá, 39 nacionales y 28 internacionales, sin contar los ocho o nueve medios locales que hacen una cobertura más grande y tienen más acreditados. Si a esta cifra, que ya es bastante generosa, le sumamos a las niñitas en Dr. Martens que van a tomarse selfies para Instagram, a los zoquetes de turno que este año hasta pogo armaron y al resto de fauna que tradicionalmente atesta esta zona, como resultado obtenemos una aglomeración parecida a la de un Transmilenio en hora pico, seguramente insoportable para ese 20% ó 25% de periodistas que sí van a trabajar. Los lagartos que parecían haberse extinto con el retiro de la “zona VIP” en 2012, han vuelto ahora a la zona de prensa para confundirse entre periodistas, lo cual tampoco es que les quede difícil. Unos y otros se parecen bastante.

4. Incultura del rock

En el cierre del día domingo, me sorprendieron las 80 mil personas que aproximadamente colmaron el escenario Plaza durante el show de La Pestilencia. Así en 20 años se hayan presentado, no sé, unas 21 veces, la multitud mantuvo el entusiasmo durante su presentación, lo cual personalmente sentí que tenía sentido porque inmediatamente después se presentaba Soulfly, un peso pesado del metal mundial y cuyo frontman, Max Cavalera, visitaba Colombia por primera vez en una carrera de 30 años. Imposible no emocionarse, creí. Pero cuando unas 40 mil personas desocuparon medio parque al terminar La Peste y sin esperarse a Soulfy, quedé entre atónito y decepcionado al notar que no los conocían. Es decir, si se fueron supongo que no los conocían y eso delata una preocupante falta de cultura rockera. Hermano, hay que leer y dejar de ser tan apáticos. Por eso es que muchas bandas nunca vienen a Colombia. Porque ni gratis van a verlas.rap_20_4

5. Nuevamente, el afiche

El tema favorito de burlas, memes y chistes en redes sociales volvió a dar papaya en 2014. Luego de que en 2013 se escogiera como imagen a un inviable motivo medieval que serviría perfectamente como flyer de un concierto de Mago de Oz, para este año el diseño ganador fue una mano tatuada que empuñaba unos cachitos rockeros: un diseño limpio, inteligente y bien hecho, pero que, tristemente, raya con el plagio a la obra de un famoso ilustrador francés llamado Mc Bess, cuya técnica es ampliamente conocida en el mundo del diseño gráfico. En síntesis, el afiche de Rock al Parque en sus 20 años no fue otra cosa que una copialina grosera que, consultando con gente que sabe del tema, refleja la odiosa costumbre de muchos ilustradores nacionales que se quedan en imitar lo que ya existe: una tendencia muy colombiana que ha terminado legitimándose en agencias y campañas, pero que no por eso está bien. Con esta historia repetitiva de afiches malos o copiados queda mal parado el diseño gráfico nacional, pero también Idartes y la Revista Proyecto de Diseño, que eligen al ganador y además le pagan un premio en efectivo. Imposible que entre las propuestas que se presentan anualmente no haya algo mejor, que genere un consenso sobre su calidad, pero que especialmente no sea una copia.

6. No más Dr Krápula

¿Está usted harto de ver a Dr Krápula en Rock al Parque? Yo también. La presencia de ese muchacho de la pañoleta en la cabeza cantando rondas infantiles a favor de la ecología y contra el capitalismo es absolutamente insostenible. Es cierto que Rock al Parque simboliza la diversidad, pero no por eso han tocado Bonka, Wamba ni Fanny Lu. De lo que hace 13 años parecía ser una banda decente con proyección, no queda sino un populacherismo patrocinado por la Alcaldía que atrae a fanáticos de 16 años, pero que musicalmente no aporta nada de nada. Si los organizadores de Rock al Parque no quieren que la gente siga pensando que hay rosca en su selección de bandas, lo primero que deberían hacer es dejar de invitarlos cada dos años. Colombia, de hecho, sería un mejor país sin paramilitares, guerrilla, corruptos y Dr Krápula.

7. La Etnnia, de madrugada

Muchos aplaudimos que Rock al Parque hubiera incluido a La Etnnia en 2014 ignorando a los doble-moralistas que criticaron su presencia. Tristemente, casi todos nos quedamos con ganas de verlos porque, al parecer, la organización del festival mató el tigre, se asustó con el cuero y los programó en el precioso horario del lunes a las 11 de la mañana, mientras la mayoría de la gente apenas se levantaba molida y/o enguayabada por la noche anterior y sin que ni siquiera pudiéramos seguirlos por la transmisión de TV, la cual vino a comenzar unas tres horas después. Una leyenda urbana habla de que alguien, que seguramente se quedó a dormir en el parque la noche anterior, alcanzó a verlos y sonaron muy bien, con banda incluida y todo para sonar más rock en un festival que los incluyó y después los relegó a un horario inviable vaya uno a saber si por descriterio propio o siguiendo alguna presión externa para que ni usted ni yo los pudiéramos ver.

8. Pantallas apagadas

En sintonía con los múltiples fiascos del sonido, las pantallas que proyectaban a las bandas tocar también fallaron, especialmente el sábado y el domingo en el escenario Bio, donde permanecieron apagadas en diferentes presentaciones como la de Kilswitch Engage (mi banda favorita de 2014), sin que miles de personas ubicadas a los extremos del escenario y en la parte de atrás pudieran apoyarse en ellas para seguir ésa y otras presentaciones.

9. La movilidad

El asunto del transporte al finalizar cada jornada de Rock al Parque es un problema endémico, de ciudad y seguramente imposible de solucionar por parte de la organización, que, valga la pena reconocerlo, incentivó el uso de bicicleta para asistir al festival. Sin embargo, algo debería intentarse. En términos de movilidad lo menos malo que se puede hacer es salir del parque 15 ó 20 minutos antes de la finalización de cada jornada, para encontrar transporte en la calle 53, la calle 63 al oriente o la Avenida 68, antes de que las masas se retiren y sea un acto de fe regresar pronto a la casa en medio de los tumultos de miles de personas que buscan un bus o un taxi.

10. No más de lo mismo

Enfocarse en el metal, traer bandas clásicas que salgan baratas, repetir artistas nacionales o internacionales que garanticen asistentes. Maleducarlos con más de lo mismo. Luego de 20 años de una fórmula exitosa que estancó a Rock al Parque en la comodidad, muchas cosas deben replantearse. Sin que el evento pierda su esencia musical y la presencia de bandas locales, de ahora en adelante será clave trabajar más con la empresa privada para captar mayores fondos y traer bandas más vigentes, más novedosas, más actuales, más taquilleras. Es como si Rock al Parque se hubiera congelado en el tiempo y por eso todos los años vemos a Pornomotora, La Pestilencia y Dr Krápula. Luego de dos décadas, el festival necesita comenzar una nueva era con criterios musicales y organizativos diferentes. Que el Distrito entienda que la cantidad de gente no necesariamente garantiza la calidad del festival. Qué bueno sería que Rock al Parque haga autocrítica de sus criterios y sus métodos y en 2015 comience a tomar otro aire que lo haga seguir creciendo.

Por: Álvaro Castellanos.

- Twitter: @alvaro_caste/

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