Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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Las mujeres que no amaban a las mujeres

Todos los que frecuentamos Internet, un periódico o una revista, alguna vez nos hemos tropezado con este chiste: “Si todos los presidentes del mundo fuesen mujeres, en el mundo ya no habría guerras, pero grupos de países se reunirían secretamente para hablar mal de otros países”. Ya es una regla de la cultura popular que un grupo de mujeres reunidas volverá trizas a punta de comentarios a la(s) que no pudo ir. Señorita, si usted se perdió el ‘ladies night’ de hoy, ya sabe por qué siente ese leve zumbido en la oreja izquierda y esas compulsivas ganas de estornudar.

Chistes aparte, el fenómeno se ha hecho más notorio con el uso de redes sociales que ofrecen un ficticio anonimato y protección de las consecuencias de la vida real. Todos, hombres y mujeres por igual a diario nos explayamos repartiendo insultos gratuitos al primer enfrentamiento de ideas que nos topemos, es hasta esperable (lo que no quiere decir justificable) hay opiniones de por medio.
Es distinto cuando sin motor visible, una mujer despotrica insultos hacia una congénere que jamás ha visto ni escuchado, no hablo de publicaciones cuyo trasfondo irrisorio salta a la vista de quien sea, hablo de la fémina que publica un selfie genérico y termina recibiendo insultos hasta de su nivel de educación; de una fotografía sensual que se llena de comentarios calificando la moral sexual de la modelo de turno. Incluso, hablo de esas publicaciones pelando el cobre donde hay insultos que dan para decir: “Parce, no es para tanto”. Aquello no es más que una extensión indiscreta de la realidad: las mujeres suelen criticarse entre ellas de formas duras y crueles sin razón aparente o de peso.
El tema es escabroso, así que lo mejor es ir como Jack el Destripador: por partes.

72 mujeres - Karina Cocq

72 mujeres - Karina Cocq

Estoy bien lejos de ser experta es temas sicológicos, pero las siguientes secciones me parecieron didácticas para visualizar qué ocurre cuando muchas, sin quererlo, terminamos causando la abrupta aparición de las garras de otras mujeres ¡y obvio, también para entender por qué las nuestras salen a relucir! a veces involuntariamente. Quiero aclarar que no pretendo ser excluyente ni sexista, siguiendo la analogía de las redes y la crítica cabe decir que muchos hombres también insultan fuertemente y sin razón a mujeres (u hombres) que a veces ni conocen; pero más vale tratar ese tópico en un texto aparte.

El qué
Si hiciésemos una lista de las razones más comunes que ocasionan que una mujer se sienta intimidada y hasta amenazada por otra, se espera que ahí figuren:
La buena autoestima
La belleza
La inteligencia
La personalidad llamativa
El éxito en las relaciones de pareja
El talento
El éxito profesional o académico
El peso (sí, puede que suene redundante con la belleza, pero no)
Las prácticas deportivas sanas
Y etc.

En este punto es obvio que esas son razones por las que cualquiera puede sentirse intimidado o amenazado. La competencia es parte normal de la vida del ser humano, lo distinto es el odio, el ardor interno, la crueldad y la pasión desmedida con la que una mujer pordebajea a otra con su lengua (o sus pensamientos). A eso hay que añadirle el júbilo de verla llorar amargamente cuando atraviesa una penuria, no por nada, muchas mujeres prefieren compañías masculinas que arriesgarse a recibir una estocada de sus “amigas”. Ahora bien ¿y eso por?

El por qué

Aquí si me toca citar a gente con cancha, porque esto y maternidad de gallinas puede escucharse igual viniendo de mi persona. Seth Meyers, sicólogo graduado en Vassar College, Nueva York, redactó un artículo para la página web de Psychology Today que menciona algunas razones que llevan a las mujeres a criticarse y odiarse entre sí, varias no entienden de sexo, pero es más común encontrarlas todititas a montón en la misma mujer.

La primera impresión: Todas las mujeres conocimos a una que nos maltrató o humilló en nuestro pasado, alguna compañera de colegio, una hermana, una prima, nuestra propia madre a veces. Dependiendo de qué tan marcada fue la experiencia, podremos ser igual o más humillantes frente a cualquiera que se nos medio parezca. Ahora, ¿por qué a la desgraciada de turno se le dio por humillarnos? El resto de razones.

Cría cuervos: Usted es madre -> usted tiene entre su progenie a una niña o más -> usted se la vive criticando a otras hasta delante de ella -> ¿se hizo una idea de hacia dónde va la flechita? Ese cuchicheo insano puede ser una simple mala costumbre adquirida desde la crianza.

Relaciones nocivas: Aquella actitud negativa que algunas mujeres cargan 24/7 hacia otras mujeres puede ser un signo de alerta que indique agresión sicológica en su relación de pareja.

Deseo de inclusión social: Por desgraciado que suene, sí, hay mujeres que critican a otras porque todas lo hacen. Esta es cuanto menos la razón que más hace perder la fe en la humanidad.

Ansiedad: Aquí entran todos los deseos que en lugar de convertirse en anhelos o ganas de luchar, se tornan en inseguridades. Meyers en su columna hablaba de una paciente que trató tiempo atrás, que solía criticar duramente la forma en que otras mujeres a su alrededor criaban y educaban a sus hijos; la mujer en cuestión estaba en medio de tratamientos de fertilidad tras años de intentar quedar embarazada sin frutos. Las críticas entonces no se disparan solo por razones de la lista de la sección anterior, citando textualmente: “Me parece que la mayoría de la crítica femenina proviene de sentirse inadecuadas en un área de la vida que valoran demasiado”. Ahí sí, inserte cualquier razón para establecer comparaciones.

Y ahora qué

La que viene es opinión muy personal, está dirigida de una mujer a otra, aunque nada le impide a los hombres leerla. Bien está en usted tomar lo que sirve y desechar lo que no. Usted levanta críticas y critica, delo por hecho. Es humano, es femenino, llámelo como quiera, pero no va a moverse de ahí. La diferencia puede hacerse en la actitud que toma ante ambas situaciones. Si se ve a usted misma en alguna de las dos, reflexione primero:

¿Usted critica? Sí, sí lo hace. Ahora bien, por muy cliché que suene, ¿tienen sus críticas una orientación a construir a una persona y no a destruirla? ¿Procura decirlas a partir de realidades objetivas y no de una película que se armó en su mente o de un chisme mal hablado? Muy importante, ¿a quién le comenta las críticas? Cuando alguien cercano a nuestro entorno tiene comportamientos reprochables, lo normal sería indicárselos expresamente

Acostúmbrese a que su opinión sobre alguien, si es certera ¡sea su opinión! Deje que otros vivan la experiencia de conocer a la persona y labrarse su propia impresión. No es que quiera sonar dura, pero si dice sus críticas en voz alta para sí solita, puede terminar concluyendo que a nadie le importan, ahora amárrese los ovarios (o como diría mi madre tan románticamente, los cojones planos) y respóndase: ¿sus críticas, chismes y cuchicheos son producto de complejos personales? Si así es la cosa, no tengo nada que decirle, hay cientos (o miles) de bibliografías al respecto, cada quién es diferente y en cada quién está resolverlos por sí misma. Pero sí me toca informarle gratuitamente, critique con mucho gusto y todo lo que quiera a la fémina que despierta todos sus complejos. Mañana cuando se levante seguirá siendo la misma persona y todo lo que la acompleja seguirá ahí, con usted.

¿Usted levanta críticas? ¡También, compañera, también! No le diré que esa es la posición ideal y privilegiada, lastimosamente es una posición bastante ciega y a veces no se puede tener certeza de quién está arrojando puñaladas traperas a sus espaldas, si se pudiese, sería más sencillo filtrar amistades y relaciones. Ahora, de manera más puntual, ¿le gusta? ¿Se siente engrandecida cuando entra a un lugar y percibe una nube silenciosa que susurra “perra desgraciada” a su alrededor? Si así es la cosa, examínese a conciencia, es cierto que suya no es la culpa (al menos no directamente) de ser el blanco de chismes, críticas u odio inusitado. Sin embargo, está demás decir que su seguridad no puede surgir de sentir que pasa por encima de otros, sino de su valor propio.

En ambos casos, termina por ser cierto, la opinión más valiosa es la propia, siempre que sea sincera; ni autocomplaciente, ni autocompasiva.

PD: Como último apartado, haciendo referencia al párrafo de las relaciones nocivas en la segunda sección, hay algo que los hombres deberían reflexionar: ¿Vive comparando a su pareja con otras mujeres? ¿Se la pasa diciendo malos comentarios sobre la apariencia física de ella que hace rato dejaron de ser sutiles? ¿No se mide cuando su mirada se desencaja hacia otra mujer? Y punto importante, ¿le da igual cuando es a usted a quien le pasa? Para cada relación es distinta la línea que divide la confianza del irrespeto. Si tanto se queja de la apariencia de su pareja, tenga los cojones de dejarla en lugar de acomplejarla. Pero de eso sabe más Andrés Gómez Osorio con su columna “¿Por qué los hombres feos despreciamos a las mujeres feas?”.

Por : Eduanis Loraine Salazar

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