Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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La mala pa´ la infidelidad

Un día cualquiera, de esos de llenar de tinta alguna parte de mi cuerpo, hablando de variada cosa con mi tatuador surgió el tema de la infidelidad.

“¿Quiere que le diga de dónde surge? De que uno es una gueva hasta que se la hacen.”,  dijo el hombre.

No podría estar en más desacuerdo. Me rehúso a pensar que la infidelidad está grabada en el interior de todos los seres humanos.

A mi me han puesto tantos cuernos que si fueran visibles, un Alce mayor no tendría nada que envidiarme. He llorado, he bebido hasta perder la consciencia, he hecho daños, he “comido mierda”, todo porque alguien no fue capaz de actuar como una persona racional.

Detesto la infidelidad, ¡es que ni la entiendo!

No es que yo haya sido la persona más fiel de la historia de la humanidad en todas mis relaciones, acepto abiertamente que en el final de una que duró muchos años si fui un poco necia por dos razones: primero, me tenía que desquitar y segundo, descubrí que me gustaba una chica y como era mutuo, pues había que probar la cosa.

Dado ese caso y uno se quiere enredar con alguien diferente a la persona con la que uno está saliendo o está ennoviado, tiene que tener los cojones suficientes para contarlo, por la razón más simple de todas: nadie merece ser engañado.

Si después de contarlo su pareja se escandaliza pues lo mandan seguro al carajo y puede ir a meterse con quien quiere. Si por el contrario la pareja no se escandaliza, pues ¡ahí está!, puerta abierta para ir a hacer lo que le de la gana. ¿Y qué tal que la pareja se antoje de participar y termine siendo una melcochita bien saborizada? Ahí aplica lo que dicen por ahí, “el que no arriesga un huevo no saca un pollo”.  

Sexualmente hablando, creo que muchos nos equivocamos pensando que no podemos pedirle alguna posición, exploración o juego a nuestra pareja porque de pronto pensarán quien sabe que cosa, pero eso es una bobada, ¡qué clase de pensamiento mojigato, de mente cerrada y prehistórico es ese! Es mejor que con quien uno está compartiendo su vida (por momentos o permanentemente), sepa quién es uno, qué le gusta, qué no le gusta, cómo le gusta y cómo no, porque eso de andar engañando al otro y engañándose a uno mismo es muy de adolescente que no tiene nada definido.

Eso si, si usted monta cachos, ni se atreva a renegar, hacer berrinche, pelear o lo que sea cuando se los monten, es lo que hay. Me pasaba con ese man con el que duré mucho, que creía que se podía comer a cuanta mujer le diera la gana (siendo mi novio) y que al contarme (porque era bastante honesto, al otro día siempre me contaba), yo le iba a dar “parte de tranquilidad” y me iba a quedar quieta. No, no, en esa época yo creía en el “ojo por ojo”, por lo tanto el muchachito recibió lo que le tocaba y le supo a demonio, porque jugar con fuego es muy rico hasta que uno es el quemado. El día que se dio cuenta que yo le había hecho lo que me había hecho él a mi, ¡lloró como un niño chiquito!. El cinismo y la conchudez en pasta, les digo.

Otra que me pasó fue que tuve hace unos años una relación “estable y exclusiva” con una vieja que no creía en la fidelidad sino en la lealtad. Yo realmente no entendía bien su discurso y le creía el show de enojo que hacía cuando recibía mensajes en la madrugada de manes pidiéndoselo. Por supuesto luego me di cuenta que era más puta que la famosa María Magdalena y todo quedó clarísimo como el agua. Era puro verbo barato.

Querido amigo, la verdad es que no podemos andar esperando que todas nuestras parejas nos vayan a ser infieles, si de eso se trata, podemos de una buena vez abolir el tema de las parejas y dedicarnos todos a las relaciones abiertas, esas hermosas formas de interactuar con quien nos de la gana sin restricciones, obligaciones, roles ni apegos.

Nos ahorramos peleas, dramas, borracheras de despecho, agresiones y todas esas cosas que vienen después de una montada de cachos descubierta.

Yo si creo seriamente que las relaciones que se consideran (por mutuo acuerdo) exclusivas, esas en las que se va construyendo proyecto de vida de pareja, cuentan con la fidelidad como uno de sus pilares, usted conmigo y yo con usted, fin del resto de historias amorosas y sexuales con otros seres humanos, a no ser que en pro de satisfacer alguna necesidad se determine invitar en ocasiones a jugadores extra. Pero somos muy bobos a veces y no le decimos los antojos, los deseos o las insatisfacciones a la pareja por temor a hacerle daño, pero si le montamos cuernos, si actuamos a escondidas, ¿no es peor el daño? Se desbarata la confianza, se fractura feísimo la relación y finalmente eso se termina acabando, con el agravante del engaño.

Es cierto que el ser humano siempre quiere más y no es conforme, pero eso no debería ser una excusa para serle infiel a una persona. Debería ser más una razón para explorar nuevas posibilidades, renegociar y expandir lo que se está viviendo con alguien. ¡Como es de bueno y de emocionante ensayar cosas nuevas! ¿o no?

Por: La chica jugando con letras

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