Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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La Llamada De Emergencia

Una de las experiencias universales, que todos y cada uno de los seres de este planeta está destinado a experimentar es el desamor.

Y cuando hablo del desamor también hablo de ese sentimiento que se produce cuando se termina una relación. Esa mezcla de sentimientos confusos, que embriaga, pesa, quema, cuesta. La tusa, el despecho, el odio combinado con amor melancólico, la depresión, angustia, noches de insomnio, y celos, sí, celos amargos, incandescentes, dolorosos, que causan acidez, gastritis, dolores de cabeza, arranques súbitos de llanto, mal genio, fallas en el desempeño laboral, social y académico y comentarios de todo tipo entre propios y extraños.

Porque cuando experimentas soledad y separación y deseas que el mundo se acabe, que todo se venga encima y solo poder dormir sin despertar jamás, es cuando con más cabeza fría se debería pensar. Hay que recordar que somos el producto de un intrincado sistema de relaciones sociales que pocas veces nos cuestionamos. ¿Realmente sabemos lo que implica amar? Más allá de saber que hay distintos tipos de amor –amor de madre, amor filial, amor en abstracto y amor romántico, por solo llamar algunos. Pero claro, el amor romántico es ese que las telenovelas y las revistas nos vendieron, en el que nos educaron creyentes (de forma bastante hipócrita, por cierto) y ese que todos y todas anhelan. Pues bien, lo primero que se aprende es que los tipos no somos príncipes de Disney, somos unos hijueputas, guiados por nuestros bajos instintos casi todo el tiempo. Sí, ya sé, no todos, no todo el tiempo. Pero es más probable entender a los hombres sabiendo que si piensan mal, acertarán, que portarse bien para un hombre no es gratuito y responde a un sentimiento auténtico. Y las mujeres… bueno, son mujeres con todo lo que eso implica. Variables, volubles, consentidas, mañosas, sentimentales, hormonales, histéricas. Pero también son claras. Les enseñaron que tienen que ser lindas, que tienen que maquillarse, depilarse, peinarse, meterse en corsés antinaturales para sentirse bien frente a las otras, competir, los roles se superponen acumulativamente durante el último siglo, y las definiciones de roles de género siguen siendo las mismas de nuestros bisabuelos.

Entonces lo primero que hay que entender cuando se encuentren entusados, llevados del putas, preguntándose por qué las cosas no funcionaron, por qué traicionaron o fueron traicionados, es que no puede amar quien no sabe amarse a sí mismo, quien no ha encontrado eso tan único que puede ofrecerle a otra persona en una relación, y si me atrevo, quien no ha pasado tiempo solo. Hay que entender la soledad no como una plaga, sino como un camino que de vez en cuando se cruza con el camino de otras personas. Valorar las relaciones con los amigos y la familia, la solidaridad, la cultura y preocuparse por causas que consideremos importantes. Tener una vida es muy importante, antes, durante y después de una relación.

¿Pero qué carajos hago si ya estoy en el rompimiento?

Primero hay que calmarse. Entender que la culpa –sentirla, y echársela al otro- no ayuda. Que cada uno tiene sus propios demonios y como quien dicen, cada quién verá como se rasca sus pulgas.

Luego hay que solucionar de forma constructiva todas las demás cosas que vienen conjuntas con una relación, más con una importante, que envolvió tiempo, sentimientos y recursos: darse un tiempo de prudente silencio, y luego dejar que las cosas sigan su curso, decirse lo que haya que decirse, llorarse lo que haya que llorarse. Es importante recordar que a menos de que haya circunstancias extremas fuera de la voluntad de los participantes, las cosas generalmente no terminan cuando él dice “no doy más” o cuando ella dice “hasta aquí llegamos”. Las cosas se acaban, cuando se acaban. Esto puede tomar días, semanas, meses e incluso años. Hay que tener la mejor disposición para salir avante de semejantes desafíos, entender que posiblemente haya

superposición con otras relaciones de orden romántico, pero que si se sabe llevar adelante, solo puede haber dos soluciones: o se arreglan las cosas –por qué no, si fue tan bueno lo que los llevó a estar juntos-, o se terminan de forma madura y saludable.

¿Qué se hace con esos momentos de depresión y pensamientos suicidas?

Mismo consejo de arriba, fortalecer las redes de amigos, otras actividades preferentemente deportivas, métale la ficha al gimnasio, si puede y le da la tarjeta, cómprese ropa y zapatos, cocine para usted solo/a , coma rico, arme parche con amigos –de preferencia solteros o en el mismo estado civil: despechados-. Echen chisme. Tómense alguito, responsablemente. Las fechas especiales donde la gente va por ahí emparejada son para huirle a la nostalgia y a los malos pensamientos. Si es necesario, borre a la persona, bloquéela. Cada cual sobrelleva ese tema como puede, pero es probable que no es la mejor de las ideas marcarle a las 3:00 a.m. y llevarse una mala sorpresa, y definitivamente no es saludable ver la última hora de conexión o quién le da like a sus fotos.

¿Qué no hacer en esos momentos?

La lista es larga, no incluyo todo, pero las más obvias son: No se ponga en status “disponible” de forma cuasi-inmediata. Deje enfriar la cama. No solo por el qué dirán sino por su propio bienestar e higiene emocionales. No se las dé de moderno/a e independiente con eso, que la caída es bien alta y el totazo significativo si algo falla.

No se coma a cualquiera por un momento de despecho, no solo no vale la pena sino que no es buena idea darle ilusiones a otra persona por ese momento.

No se aísle. Yo sé que es putamente difícil, pero prefiera estar activo/a y en compañía. No se encierre, menos si los lugares físicos están contaminados con recuerdos. Y por último, no piense que la otra persona la está pasando una chimba –aunque a veces sea así-. También tendrá sus momentos difíciles y entender esto les va a ayudar cuando se den tiempo y espacio para hablar, redefinir y pactar o liquidar y darse un hasta luego.

Si nada funciona, pida ayuda. Es mejor pasar unos meses de terapia, prender velas blancas, usar esencias o lo que le funcione, que quedarse pagando arriendo de lágrimas en el infierno del olvido. Si su relación no se arregla, por lo menos que usted no salga averiado/a.

 

Por: Capitán Yarumo

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