Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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La ciudad de las putas y de las putas ciudades

Alguna vez Víctor Hugo dijo que “la suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o más exactamente, a pesar de ti mismo”. Hoy tengo claro que voy a hablar de algo que amo y en verdad amo mi ciudad profundamente. Soy consciente de que muchos de los logros y momentos que atesoro en mi vida ocurrieron gracias al lugar que me vio nacer, mas allá de este cúmulo de alegrías atesoradas debo mencionar esos aspectos de mi ciudad a pesar de los cuales la amo; esos temas de los que muchos se aterran, otros niegan y la gran mayoría ignoran convenientemente para salvar su culpabilidad de los mismos.

 

Quienes vivimos en Medellín nos llenamos de orgullo al hablar de nuestra ciudad, asumimos cada uno de los logros como propios casi hasta al punto de incluirlos en las características de nuestra personalidad. Es así como pasamos de ser unos arrieros verracos, a empresarios, negociantes y ahora expertos innovadores. En ese afán de resaltar y de hacernos notar olvidamos que nacimos en este lugar por casualidad, esa casualidad no nos hace ni mejores ni peores que alguien proveniente de otro lugar y mucho menos nos permite denigrar a las personas o a las demás ciudades del país, porque querer lo propio no es atacar lo ajeno.

 

De otro lado, en ese afán de vender la ciudad y de hacerla más atractiva, hemos diseñado una imagen agradable de la misma, que sumada al orgullo anteriormente mencionado se hace peligrosa y ficticia, que exagera las virtudes y de manera cómplice niega todos sus vicios, que se fundamenta en apariencias privilegiando lo estético sobre lo ético y pone la doble moral en la base de sus creencias.

 

Hace poco tiempo un periodista latinoamericano calificó a Medellín como “el burdel más grande del mundo” y al interior de la ciudad llovieron los comentarios de rechazo contra el autor del artículo. Las burlas y los ataques estuvieron en primer lugar, pero muy pocos se preocuparon por las niñas secuestradas, violentadas y explotadas que mencionaron en el artículo; esta reacción es triste comparada con la que se presentó hace pocos días: alguien pintó grafitti sobre un vidrio del Metro y miles pusieron el grito en el cielo, vieron herido su orgullo. Más triste es que olvidaron que más importante que la imagen de una institución es el bienestar de las personas.

 

Nos jactamos de ser la ciudad de los grandes eventos y le prestamos más atención a éstos de lo que le prestamos al diario vivir; son importantes sí, pero el nivel de atención que prestamos a los mismos, habla muy mal de nuestra provincia. Un ejemplo es el próximo concierto de The Rolling Stones: de los últimos 49 conciertos de la banda, el único que se ha vuelto agenda del gobierno de turno es el de Medellín. Así somos de innovadores que vemos un espectáculo que lleva más de 40 años, cinco continentes y quien sabe cuántos países con ojos de novedad.

 

@Deliciasdemaiky

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