Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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Invitación a dejar de reproducirnos

Estoy sentado en la sala de espera de un centro médico; un par de niños están jugando, están correteando por doquier, uno de ellos tiene sobrepeso, incluso diría que está obeso, con todo y eso arrastra con sorprendente rapidez su pesado cuerpo mientras persigue al otro en un juego que aún no logro comprender; sus ojillos hundidos en su rechoncha cara miran con avidez el entorno; estoy sentado con las piernas cruzadas y extendidas entre mi silla y la fila de sillas de adelante y sucede lo temido: el muy marrano intenta pasar a la fuerza por el espacio que queda entre mis piernas y las sillas de adelante, no cedo terreno y le dirijo una mirada llena de odio: “¿a usted no le enseñaron a respetar ni a pedir permiso, verdad?”, el retoño de humano se me queda mirando, los ojos muy abiertos como si le hubiera dicho que el cielo es verde, le devuelvo una mirada encendida para disuadirlo de decir cualquier canallada que a un pequeño cafrecillo de su edad y vil condición se le pudiera ocurrir. Sus padres lo llaman y en voz baja le piden que le baje los humos a sus chanzas y lo invitan con un tono servil y lastimero a sentarse, el pequeño cerdo (acaso por primera vez) les hace caso y se sienta.

¿Para esto nos dicen (familiares, amigos y demás metiches) que tengamos hijos? ¿Para malcriarlos hasta el punto que nadie los soporte? ¿Para que cuando crezcan se vuelvan seres inmamables, de esos que pudren la sociedad en vez de aportar? ¿Para que crucen las calles sin mirar a ambos lados o cuando el semáforo les indica con claridad que mejor se queden en el andén? ¿Alguien tiene idea del costo que implica para la sociedad un ser humano que no ha tenido la más mínima formación en cuanto a sentido común se refiere (por lo menos)?

Hace poco leí con una mezcla de tristeza y preocupación que el planeta, no transcurridos más de ocho meses del año, había agotado la capacidad natural que tiene de renovar los recursos necesarios para asegurar la supervivencia humana para el siguiente año; también leí que a nivel global se desperdicia más de la mitad de la comida que produce nuestro mundo industrializado al año, mientras que sabemos todos que hay mucha gente que muere de hambre. Me gustaría preguntarles si alguien con un poco de sensatez sigue creyendo que es buena idea traer niños al mundo en este panorama tan sombrío. Cada niño que nace en el mundo de hoy, limita nuestra supervivencia como especie, pues consume recursos, desde comida hasta juguetes y en esto último hay que decir que la producción industrial que es la base del progreso de la sociedad occidental (mayormente) genera unos muy preocupantes impactos en el planeta, muchos de ellos irreversibles ¿somos conscientes que el consumismo limita nuestra expectativa de vida?
En el mundo occidental, donde más o menos se respetan los derechos humanos, la expectativa para un nuevo humano es que se eduque (en el colegio faltaba más, los padres están ocupados trabajando para poder alimentarlo y pagarle los caprichos y no tienen tiempo para enseñarle esas cosas anticuadas de valores y demás), que luego vaya a una institución de educación superior (técnica, tecnológica y si hay suerte y dinero la universidad, “en una carrera que dé plata mijo, porque de esas vainas suyas no se vive”) para que después vaya a trabajar y sea capaz de “valerse por sí mismo” y si le alcanza que aporte en la casa como no. Y las expectativas no paran, quieren que adicional ese personaje sea exitoso en el trabajo (así le apasione o no), que monte sus propios negocios porque el mercado laboral puede llegar a ser bastante inestable, que tenga carro y casa, que viaje por todo el mundo y que además tenga una “familia ejemplar”. Como si no fuera ejemplar la decisión de mandar todos esos estereotipos al carajo y dedicarse a hacer lo que se le venga en gana; a propósito de la libertad ¿qué tal les va con eso? ¿Qué tan libres se sienten de decir que mañana en vez de ir a trabajar o a estudiar van a irse de farra con ese parcero(a) que hace rato no ven?

Es que yo me imagino un sábado, un domingo, un lunes festivo cuya noche anterior haya estado ajetreada, la voz aguda de uno o más niños diciéndome: “papá queremos desayunar” “papá queremos ir al parque” “papá queremos helado” “papá se dañó la licuadora cuando metimos al peluche” y responderles: “díganle a su abuelo que los lleve/que los ayude”. Hay gente que lo hace y no les da pena, poner a los abuelos a criar a los nietos, gente irresponsable, gente desagradable, de esos que dan ganas de darles un calvazo y decirles: “reaccione maldita sea, son sus hijos, son su responsabilidad, usted los trajo a este mundo, usted responda por ellos”. Y la manera que tienen de responder por ellos es bien chistosa, porque se matan de lunes a viernes (o sábado o el horario que aplique) para pagarles “el colegio más caro porque allá si les enseñan”, mierda si lo que esas larvas de humano necesitan es que les enseñen en la casa a ser mejores seres humanos cada día, a ser conscientes de su realidad para aprender a tomar decisiones efectivas que les permitan hacer realidad sus sueños, a respetar al otro, a tener empatía, a tener sentido común y de pertenencia por la especie.

Les tengo un par de perlas que me han dicho: “¿y cuando esté viejo quién va a cuidar de usted?” y “¿para qué espera tanto a tener hijos? ¿No ve que más viejo ya no los disfruta?”, cada una de esas dos preguntas es improcedente por su propia naturaleza arcaica y egoísta, si es que se toma la decisión de tener un hijo no es para que sea – como se dice - “el báculo para la vejez”; por otra parte no logro comprender de dónde viene ese concepto erróneo que la vejez (entiéndase aquí que la gente que dice tales, piensa que sé es viejo para tener hijos cuando se superan los 30-35 años) y el disfrutar la vida son cosas mutuamente excluyentes, si con la edad llega la madurez lo más racional es pensar que tomar la decisión de tener un hijo “tarde”, es el resultado de cuestionarse a uno mismo y en pareja acerca de las posibilidades emocionales, personales financieras y demás aplicables de brindarle a ese hipotético niño la mayor probabilidad de éxito; porque tener un hijo es desde otra perspectiva, decidir por alguien que aún no ha llegado a este mundo que exista, que acepte las condiciones actuales (favorables o no) para que construya una vida, me parece una decisión que no se debe tomar a la ligera y que mucho menos se debe tomar al calor del momento, que es un calor que nubla la mente con bastante eficacia.

¿Quién en su sano juicio pensaría que es buena idea traer un niño al mundo para que se monte en transmilenio o en SITP? ¿Quién en su sano juicio traería al mundo un niño para que escuche las barrabasadas que dicen los Alejandros Ordoñez o los Fernandos Londoños o los Enriques Peñalosas? ¿Quién en su sano juicio traería niños al mundo para que vean los realitys, telenovelas y noticieros de Caracol y RCN? ¿Quién en su sano juicio traería un niño al mundo para que coma atún totiado de mercurio y que a largo plazo le genere cáncer? ¿Quién en su sano juicio traería un niño al mundo para que vea que el único deporte valorado y patrocinado es el fútbol y que otros deportes son despreciados por las mayorías porque no los comprenden o no los conocen? ¿Quién en su sano juicio traería un niño al mundo para enseñarle que hay que ser indiferente con las que cosas con las que en verdad hay que indignarse y quedarse de brazos cruzados viendo como el mundo se va a un abismo de mediocridad y ridiculez? ¿Quién en su sano juicio traería un niño a un mundo rebosante de intolerancia, que condena y asesina al diferente? ¿Quién en su sano juicio traería en fin, un niño al mundo? Por ahora, yo no.

Por: Sergio Rincón

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