Laura Las Delicias
Daniela las delicias de Maiky
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Bob Esponja, el arte de divertirse

Un análisis postestructuralista a la mecánica de las relaciones de poder en la comunidad de Fondo de Bikini. (Es broma)

Un héroe emerge de las profundidades de la comedia clásica; Bob esponja, acusado de destruir el déficit de atención de una generación, surge como el valiente que alivianará la carga con la que los nominados al Oscar inundan las pantallas de los cines en estos días, y brinda la excusa perfecta para dar una mirada paranoica a algunos rasgos caricaturescos de la cultura contemporánea.

Bob esponja “un héroe fuera del agua” tiene todo lo que debe tener una película, e incluso un poco más: animales parlanchines, crueles escenas de tortura, viajes en el tiempo, piratas feroces y un héroe ingenuo dispuesto a hacer todo lo posible para regresar al pueblo de Fondo de Bikini a la normalidad. Bob a quien conocemos por la exitosa serie de tv, es una esponja de mar amarilla y desesperadamente feliz que la pasa muy bien cocinando Cangreburguers, hasta que un Pirata barbudo interpretado por el malagueño Antonio Banderas decide robar la fórmula secreta con la que son elaboradas, causando una crisis en lo profundo del mar. El robo desata una serie de aventuras efectivamente narradas y convierte a la pacifica comunidad de fondo de bikini en una distópica comarca postapocaliptica, en la que afloran la envidia, el oportunismo y la traición, trazos que subrayan el carácter profundamente humano de estos dibujitos.

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Visualmente explora y convierte el uso del 3d en una poderosa herramienta narrativa, las cuidadosas composiciones de los segmentos en los que la vida real y alteregos de los personajes se encuentran son altamente elaboradas e inteligentemente articuladas al beat de una comedia física imparable, bromas tercas que retornan a la bromas convirtiéndolas en sistemas de sentido capaces de justificar el absurdo y lanzar reflexiones tan poderosas como para hacernos temblar de risa, sin entender totalmente de que estamos riendo. Tiene momentos dignos de Los hermanos Marx, guiños a Billy Wilder y algunos dardos invisibles de Naomi Klein, Tony Negri, o el otro hermano Marx. Porque ante todo Bob Esponja es una fábula capitalista moderna, muy oportuna para una sociedad de libertades “freelance”, felicidad instagrameada y adultos tercamente infantiles.

De alguna manera la película parece destinada a calmar las aguas sobre una de las críticas profundas y frecuentes; Bob un personaje que asume responsabilidades adultas pero se comporta como un niño, alguien que puede retrasar el desarrollo cognitivo de generaciones con una sonrizota honesta; como respuesta a esto en la película el buen Bob desarrolla un conflicto interno en el que es incapaz de asumir los fracasos personales convirtiéndolos en fracasos de equipo. Establece una línea temática subyacente sobre la responsabilidad pero también deja ver algo que podría terminar convirtiéndose en una patología cultural, cierta incapacidad de ser infeliz, algo destinado a quienes están separados por décadas y unidos a una amarga resignación calamarguiana.

La banda sonora merece un capítulo especial, compuesta por Pharrell Williams fluye y hace bailar a la fauna de las profundidades a ritmo de ska, los amantes del popular género jamaiquino se sentirán transportados al mundo marino con el aire renovado y siempre genial que el líder de N.E.R.D aporta al sonido, resulta perfecto para acompañar algunas secuencias de viaje en el tiempo convirtiéndolas en una burlona referencia a la rebuscada Interestellar.

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El gran héroe de esta generación puede ser una esponja que hace lo que ama pero es explotada por un cangrejo egoísta, una víctima de la euforia permanente incapaz de reflexionar sobre sí mismo, un héroe que siempre se da por vencido y triunfa por casualidades del destino, por recibir la ayuda impensada del menos pensante de los seres del fondo marino, que siempre logra salir a flote gracias a un exceso obsesivo de corazón, Bob esponja es infinitamente divertida, pero debe ser leída más allá de las risas y monerías de los personajes, tampoco debe ser vista desde el sesgo del hermano mayor que perpetuamente ve a las generaciones siguiente como generaciones cada vez más idiotas, nos gustaría apostar como algunos científicos y culpar a una caricatura, pero no suena muy inteligente

Rodrigo Torrijos

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